La verdad oculta de Chaves Nogales: un periodista al servicio de los aliados
Yolanda Morató desvela en un libro que el reportero sevillano, símbolo de la independencia frente a comunistas y fascistas, en su exilio en París y Londres trabajó a sueldo del Gobierno británico
'Los años perdidos' saca a la luz medio millar de artículos, desconocidos hasta la fecha, que el periodista publicó en la prensa brasileña
Manuel Chaves Nogales al completo

La recuperación de Manuel Chaves Nogales es uno de los fenómenos editoriales más espectaculares de las últimas dos décadas. Libro a libro, se han ido rescatando las obras de quien se ha consolidado como uno de los grandes periodistas de la primera mitad del ... siglo pasado. La edición, hace tres años, de su 'Obra completa', y la publicación de dos biografías parecían haber cerrado el círculo del autor de 'A sangre y fuego', símbolo del periodismo liberal, esa independencia frente a los 'unos' y los 'otros' que desencadenaron la Guerra Civil española. Pero aún quedaba un hilo del que tirar: los últimos años de la vida del periodista sevillano en Londres.
Y lo que Yolanda Morató ha descubierto en su libro 'Manuel Chaves Nogales, los años perdidos (1940-1944)' (Renacimiento), es que el reportero fue algo así como un agente propagandístico al servicio de los aliados. En Londres, adonde llegó desde Francia, «trabajó para los intereses del Gobierno, con un sueldo del Gobierno y en dos empresas controladas por el Gobierno», explica Morató a ABC. Esta investigación aporta además medio millar de artículos inéditos que el sevillano publicó en la prensa brasileña. Con la relación de textos que aporta la filóloga en su libro, la 'Obra completa' ha pasado a ser una 'Media obra'. El fenómeno Chaves Nogales aún no ha acabado…
Empecemos por el principio. Nacido en Sevilla en 1897, empezó en esto del periodismo cuando aún no había cumplido la mayoría de edad, pero no despuntaría hasta su llegada a Madrid, con 27 años. Pronto se diferenció como una firma estrella: ganó el premio Cavia, hizo reportajes de viajes, ocupó cargos de responsabilidad… Acuñó aquello de que «contar y andar es la función del periodista», siempre desde una fe inquebrantable en la libertad, en una época donde ser consecuente con las convicciones tenía un precio: amenazado por fascistas y comunistas, con la guerra, tuvo que huir de España. En esta etapa, la mejor documentada, apenas se le conoce tacha moral al 'Orwell español'.
El periodista acuñó aquello de que «contar y andar es la función del periodista», siempre desde una fe inquebrantable en la libertad
A partir de aquí empieza otra vida que no se ha contado demasiado bien; a saber, que Chaves Nogales pertenecía a una red de colaboradores constituida antes de que comenzara la Segunda Guerra Mundial y que llegó a París para trabajar en Havas, una agencia paragubernamental. El propio gobierno francés le facilitó una vivienda en Montrouge, donde residió con su familia. Antes de marcharse de París, el día anterior a la caída de la ciudad, Chaves Nogales pidió a su mujer e hijos que lo quemaran todo. «La decisión de borrar cualquier rastro, por pequeño que fuera, de su actividad en Francia le salvó la vida. De hecho, la mayor parte de los colaboradores de la alianza franco-británica a la que pertenecía el periodista sevillano fueron delatados por vecinos o por agentes dobles y asesinados poco tiempo después», escribe Morató.
Chaves Nogales, cuya cruzada contra los nazis es de sobra conocida, se radicalizó con la guerra. Poco antes de partir rumbo al Reino Unido, dijo: «Odio a Alemania porque soy español. El buen patriota español sabe que, en el curso de la Historia, siempre que el destino español ha acabado en fracaso se debe a algún tipo de funesta intervención germánica». ¿No era Chaves Nogales un periodista alejado de lo doctrinario, un ejemplo de independencia? Responde la autora de 'Los años perdidos': «No resulta tan chocante si se tiene en cuenta que Chaves vivió sus últimos cuatro años en el exilio y en dos países distintos, dejando atrás a la familia y sin que delante hubiera otra cosa que incertidumbre».
Más revelaciones: el autor de 'La agonía de Francia' no salió de allí en el último tren que circulaba, ni sobrevivió gracia a su intuición; si salvó la vida fue, entre otros motivos, porque tenía información de primera mano, «de un alemán, Thyssen, traidor al régimen nazi, y, por otra, con el mejor contacto británico que se pudiera tener, Churchill, el recién estrenado primer ministro de la nación vecina». En Francia dividió sus colaboraciones entre Havas y Cooperation. En Londres lo hizo para la AFI, la división de Havas en la capital británica, que trabajaba estrechamente con Reuters. Ambas respondían «a los distintos órganos creados por las agencias de inteligencia» franco-británicas, señala Morató.
«Odio a Alemania porque soy español. El buen patriota español sabe que, en el curso de la Historia, siempre que el destino español ha acabado en fracaso se debe a algún tipo de funesta intervención germánica»
La misión de este «esforzado trabajador» era «informar a diario en otros territorios del triunfo incontestable de los ejércitos aliados», algo que hizo a través de estas ramificaciones «subsidiadas por el Gobierno británico», y no desde una agencia propia, como se creía hasta ahora. ¿Hizo todo esto Chaves Nogales por convicción o fue más bien una cuestión alimenticia? «En tiempos de guerra a veces resulta difícil determinar dónde acaba la convicción, pero es muy fácil ver dónde empieza el hambre. Si, además, vives bajo las bombas del bando enemigo en el país que te ha ofrecido acogida, es fácil que la convicción engorde», reflexiona Morató.
Desde esta posición, fue una pieza clave en los artículos que llegaban a la prensa iberoamericana, especialmente la brasileña, donde la autora del libro ha localizado más de 400 colaboraciones. «En estos textos –entre los que hay crónicas verdaderamente deslumbrantes– desfilan los Chaves más familiares: el que trata la actualidad trágica con humor, el que recurre a lo trágico para pintar el mundo, el comentarista político que construye un personaje a partir de observaciones atípicas, pero, sobre todo, hay un Chaves al que no habíamos leído hasta ahora: un trabajador a sueldo en un país extranjero, entregado a su labor y sin su familia, con ataques constantes del enemigo y, por qué no decirlo, con esa lucecita a lo lejos a la que se agarraba pensando en el día en que la guerra tocase a su fin», explica Morató.
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Habrá que esperar para leer estos textos. De momento, el libro editado por Renacimiento sí adelanta una entrevista póstuma, que el periodista respondió vía cuestionario a pesar de «ese demonio de estómago» que «no me abandona». Ya entonces, en 1944, avanzaba que el régimen democrático llegaría a España «sin más alboroto ni más sangre que la que se obstine en derramar esta fauna residual del falangismo». Unas semanas después murió, con 46 años.
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